jueves, 29 de enero de 2015

Te cuento un cuento II: El libro.



En una pequeña ciudad del norte de Francia, vivía una pareja y sus tres hijos, dos niños y una niña. Los dos primeros batallaban con el inicio de la adolescencia, desarraigados de una infancia pegajosa y en pleno vuelo... Hacia una vida más madura. Mientras, la pequeña Agathe de 6 años, frecuentaba apenas la niñez y los sueños que crecían a su lado en paralelo.



Era una familia modesta, sin lujos ni pretensiones donde cada noche, luego de la cena, de haber recogido la mesa y lavado los platos, poco después de haber reído y un poco antes, de haber peleado frente al fuego en épocas de invierno duro, el ritual de "vamos a la cama"se imponía.
Mamá, les daba el beso de las buenas noches, mientras papá, se dirigía a uno de los estantes dispuesto sobre la chimenea donde los objetos de "valor" decoraban la casa y de los más alto donde sólo él, podía llegar con sus largos brazos, tomaba el gran libro macizo de incontables hojas, algo amarillentas por la humedad de otros años. 

Agathe, siempre esperaba su turno impaciente, arropada, abrazada a su muñeca, de las pocas y su única favorita. Su padre, se sentaba a su lado y mientras se cubría los piernas para evitar sentir el frío, habría una de las hojas del enorme libro invadido de letras y comenzaba: "Había una vez, una princesa llamada Agathe"...La pequeña, abría los ojos, asombrada... apretando con fuerza el brazo de su padre, capaz de sentir el galope en uno de esos caballos junto a la brisa que despeinaba su cabello, la mirada se encandilaba de aventuras en aquellas noches, que aunque el cielo, no prestara ni una sola estrella, su padre iluminaba con relatos en voz baja, adornando su rostro con alguna morisqueta y entre las sonrisas cómplices donde aun no asomaban sus nuevos dientes, la pequeña, se dormía abrazada a la imaginación donde en el profundo sueño donde podía incluso, sentir el dulce beso de su padre, no había lugar para las pesadillas.




Así fue como durante varios de sus años, su vida estuvo repleta de bellas historias, expectante de esa vida de princesa que viviendo en ese libro, poseía también, su mismo nombre, Agathe.
Como todo y casi sin darse cuenta el tiempo pasaría y poco a poco sus hermanos y ella misma, terminarían por dejar aquella casa, en aquel pueblo, intrigando al propio futuro en ciudades más grandes.

Desde el principio, Agathe sintió el peso del cambio pero se apiadaría de la ambición que la obligaba a seguir sus sueños. Motivada en gran parte por su padre, nunca dejó que nada la aplacara. Estudió una carrera larga y en el camino conoció a un hombre, que le pediría matrimonio tres años más tarde y luego de dos, es decir cinco, daría a luz a una niña.

Nunca se alejaron para siempre y cada año un 24 de diciembre, la familia entera se reunía en aquella casa de pueblo repleta de recuerdos. 
Sus hermanos y esposas con dos hijos cada uno, su madre y su padre mayores y hoy abuelos, envolvían la mesa que hasta se veía pequeña, repleta de comida y de tanto cariño.

Fue en ese instante o poco antes, creyendo que nadie la observaba, que Agathe se levantó de la silla y fingiendo que recorría con la mirada el salón que la vio reír tantas veces, no pudo evitar dirigirse a la chimenea donde su padre conservaba aquel libro que dormía silencioso, hacía varios años y de los más alto donde ahora llegaba aunque en puntas de pies, logró tomarlo y sentirlo entre sus manos. Al abrirlo, esperaba encontrarse con las aventuras escritas con su nombre pero perdida entre las letras, sólo leía frases sobre historia francesa y algunos garabatos pero ninguna oración, ninguna, que recordara aquellas de su padre ni de sus relatos. Confusa y antes de que pudiera decir una palabra, su padre posó una mano sobre la suya y con voz suave le dijo:

"Ahora comprenderás, que no hay una edad para creer que los libros son el viaje directo al país donde viven los sueños donde nadie podrá restringirnos el pasaje donde podrás elegir, el lugar y el destino donde poder existir y ser libre. 
Nunca olvides, hija mía...El contenido de un libro es fascinante pero aun más, cuando dejas volar en ellos, tu propia imaginación"

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