jueves, 28 de octubre de 2021

Un mensaje de amor






Con una caricia 
Su mano se posaba en la mía
Entrelazando mis dedos, 
Se afirmaban los sueños
Y del susurro que no vestía palabras
Apretabas su boca con suspiros en mi oído
Y me hubiera quedado ahí eternamente.
Fundida en el roce de un corazón
Que sólo añoraba cariño.
Sin pretender ni un poco más
De lo que hasta yo,
Llamaba suficiente.
Pudiendo acortar días
Por disfrutar en sus brazos cada noche,
En una incesante lluvia de estrellas
Declarando con luces nuestra luna.
En un amor que para mí,
Duraría más de una vida
Mostrando la sinceridad
Sin esconder aquellos sentimientos
Que a veces intrigan
Y provocan tanto miedo.
Viejo en años,
Impecable en su seda
Bajo las nubes de mi alma, 
Yo leo "Te Amo".














miércoles, 27 de octubre de 2021

Meditando los miércoles II.









Decidida a cambiar la historia de mis miércoles, tome la iniciativa de poner la suerte de mi parte. Prohibí el pasaje exagerado de pensamientos egoístas, esos "benditos" que sólos se ponen en marcha, los mismos que discuten entre sí para ver quien gana la última palabra y así, intentar dominar el día de paso conmigo adentro.

Fue en éste entonces, miércoles 9 de abril que con un grito sordo, logré callarlas a todas y me tomé el trabajo, si se puede decir así de elegir aquellas con dirección correcta de todo aquello que incita lo positivo.

Así mismo, medio dormida pero cansada de seguir en la cama, luego de una noche de varias horas seguidas de un sueño profundo ( todo un milagro), verifiqué con cuidado que el pie con el que me estaba levantando, era bien el derecho.

En ese instante no muy lejos, la impaciencia de mis hijos y del hambre, empezaban a activar la mañana.

Juntos y acompañados por las ganas nos acurrucamos en el sillón el tiempo de un cariño y luego partí a la cocina para preparar el desayuno de "todo el mundo".

Kenzo (el gato), estaba de un humor maravilloso, sin maullidos, ni rasguños mimosos, sólo medio alterado por los pájaros que cantaban cerca de la ventana, lo suficiente como para olvidarme de cualquier molestia y poner las buenas pilas en "on" en mi y en cualquier ser humano.

Mi marido que se veía medio perdido entre las dos almohadas y esta vez sin viaje en previsión, le otorgue una vez más el privilegio de esos 5 minutos que a él tanto le gustan.

La mañana siguió su curso, lejos de los caprichos de mi hijo mayor y una siesta sorpresa de mi hija, me permitieron terminar con todo lo que necesitaba tiempo.

Eran las 11:05h cuando el reloj nos anunciaba el momento de salir camino a la guardería. Mi hijo estaba perfecto, sin señales de cansancio extremo, ni virus intruso ni de nada que al final dieron por veredicto: ¡En forma para jugar!

En el camino el calor del sol nos molestaba un poco los ojos y la brisa que se parece tanto a las mañanas de verano, algo fresquitas sólo me hacían sentir que a este día debía llamarlo: Perfecto.

Pasadas algunas horas, un mensaje de mi marido confirmaba su venida a casa y como a él tanto le gusta y como yo detesto, 20 minutos antes.

Si es cierto si me dan a elegir, prefiero que me diga "llego en 20 minutos y no que anule al último momento". Ok a eso, se le llama ser positivo! Querrá decir que esto de la elección se pensamientos, funciona?

¡Ajá! 

 Pero volviendo al tema....

Poco fue el tiempo que estuvimos juntos porque esta vez, sí tenía una cita "concreta" y digo bien con el pediatra por un examen de rutina.

Mientras caminaba con mi niña, recordaba el episodio que les comenté en uno de mis post, en un "miércoles, nunca viene solo" pero me quedé tranquila, cuando el doctor me contestó del otro lado y suspiré.

Todo fue de maravilla, salvo por el llanto-grito de mi hija pero bueno esto viene de familia, aquí todo el mundo le tiene miedo al médico, hasta mi marido.

30 minutos después y con un respiro bieeen profundo, luego de bajar la pesadilla de 8 escalones con bebe y cochecito en brazos, sentí que este día era igual otros, y que por fin la racha de malos miércoles había llegado a su fin.



Pero...




viernes, 22 de octubre de 2021

Meditando los miércoles I.








Todo empezaría un miércoles 26 de marzo de la mano de mi hijo mayor. Yo, que aún me encontraba en el disfrute de uno de esos sueños semi-profundos donde se siente dormir, a la vez que se escucha, todo lo que ocurre alrededor.

Fue así que sin querer, queriendo, mis ojos todavía negados, luego del despojo de un descanso merecido. Descubrieron a mi peque más grande al lado de la cama. Medio atontada y con la entera dificultad para distinguir la hora precisa que marcaban las agujas del reloj pero con la capacidad necesaria para distinguir la luz que apenas asomaba en la ventana, dieron por concreto que estaba sólo amaneciendo.

Con la voz dulce pero apretada entre los dientes, le pedí que volviera a su cama pero la cara de "ya he dormido 8 h", me obligó a levantarme y acompañarlo hasta el sillón.

Eran las 7:15h y en el camino iba perdiendo lo que me quedaba por sueño pero no de cansancio. Rendida en su compañía y en el sillón, pensé en poder dilatar un poco más la mañana pero a los 10 minutos, me pidió la leche. Con paso de pluma, para no despertar a nadie, me dirigí a la cocina pero el ruido del microondas, levanto a Kenzo (el gato) y con un maullido rotundo, comenzó su serenata.

Fue en vano pedirle que se callara (los gatos no entienden español) y en 5 minutos me encontraba yendo hacía la habitación de mi hija, dispuesta ovbiamente a no perderse ni un minuto más de la compañía de su hermano, ni la del gato, ni de la mía.

Mi marido dormía. Sabiendo que al día siguiente debía viajar por trabajo, elegí regalarle el privilegio de la cama y cerré la puerta.

Las horas que siguieron "la madrugada" todo se veía de una casi maravilla. Entre el desayuno, la micro-siesta de mi hija, el adiós a mi marido ( Hasta el mediodía) y otras idas y vueltas en casa, hicieron que sólo faltaran 15 minutos para salir camino a la "escuelita"( guardería) cuando de repente, vi en el cuerpo de mi hijo un cansancio sospechoso que temblaba pero sin fiebre.


Una madre que ya tiene varios años de existencia y porque sólo hay cosas que la maternidad despierta, dieron por correcto que hoy debía quedarse en casa. Así, me quite el abrigo, el de mi hija y a mi hijo lo acosté en la cama donde se durmió instantáneamente.

Sin tiempo que perder, tomé el teléfono e hice dos llamadas: Una para prevenir a la directora de la ausencia de mi hijo y otra para concertar una cita con el pediatra. Este último, me propuso muy generosamente el horario de las 14:30, de este miércoles tan atípico, lo cual me pareció perfecto y corté.



jueves, 21 de octubre de 2021

Rescátame.




Oscura la noche
Sin luna ni penumbra
Esclava sin sombra
Recubro tu piel
Terciopelo de cariño.
Rozan mis dedos
Y dibujan tu silueta
Palpita el corazón
Galopa el mío
Solloza acaso la mirada?
O el temor de que el tiempo
Traiga la mañana...?
Déjame dormir despierta
Bajo el sentimiento 
De un dulce sueño eterno
Vivo el día, aunque en él
Ya no sienta nada.
Vuelve a mi,
Cuando el sol,
Preserve sus rayos
Cuando el silencio
Me haga creer 
Que solo somos dos
Tú y yo...
Cuando el reloj se olvide
Del pasado y del futuro
Y cuente el presente.
Antes que la vida se aflija 
Luego de que se apague...
Ven... Rescátame!