miércoles, 27 de abril de 2022

Sentada aquí en mi alma...Tu ausencia.









Abril, días de sentimientos en plena guerra, entre la felicidad, la tristeza y la incomprensión. De lo que jamás tendré respuestas, de lo que nunca querré entender, de lo que tendré que aceptar, de lo que tendré que aprender...

Fechas y el día preciso que marca el tan temido adiós, el peor de todos, que no firma un hasta luego, que como en el juego de una rayuela, ruegas que la piedra caiga sobre el número que trae los malos recuerdos pudiendo evitar poner los pies y pasar el tiempo de la espera, pensando en lo que tanto causa dolor y como siempre digo, tener que seguir...

La mirada que se empaña, impide a esos sentimientos insistentes que intentan describirse en mi papel y se pierde medio sola, en los recovecos de mi ventana como si de la nostalgia, pudiera encontrar un poquito tu cariño.

El nudo de la angustia que lucha por no salir, se aprieta entre los labios fingiendo la comodidad que le ofrece el alma y sin querer, debo dejar salir...como si las lágrimas tuvieran algún remedio a esa sensación de falta eterna, de ese lugar que ha quedado vacío, que nunca nadie llenará, sólo tu ausencia con la que hoy siento que vivo. Esa, que busca inconscientemente el cielo, cuando el azul se entrelaza en el medio de varias nubes y el calor de sol imagina tu caricia, sin necesitad de tener una excusa, sólo quererlo.

que me lees desde algún sitio como  que obtendré alguna respuestas, de los encuentros que me regalen alguno de mis sueños, cuando la impotencia no quiera llenarme de pesadillas y respiro...



Lo extraño, es que aunque sé que a esta edad envejecemos, yo siento que sigo creciendo. Y crecer sin ti, no es algo fácil.

 Los nueve años que me separan de la tragedia, no han amortiguado mis quejas y esa bien llamada bronca que en vano me pide cansada volver atrás y cambiar la historia, se refleja en las cosas que no tienen solución como un lamento que nunca se cansará de gritar en silencio pero me enseñará a demostrar y demostrarme que la fortaleza, viene de los hijos pero también de los padres, aún cuando no estén vivos.