martes, 26 de mayo de 2026

La adolescencia llegó en silencio… y entró con cinco pares de zapatillas!!!





adolescencia 

 

La adolescencia me llegó un poco de sorpresa.

Y eso que crecí con mis hijos.

Uno piensa que la transición va a ser progresiva, lenta, casi cinematográfica. Pero no. En mi caso, empezó el día que entré a H&M y me di cuenta de que ya no podía buscarles ropa en el sector niños.

Ahí entendí todo.

O mejor dicho: ahí empezó mi proceso de aceptación.

Porque una cosa es saber que tus hijos crecen y otra muy distinta es ver que ya no usan talles pequeños, que tienen opiniones enormes y una vida social que aparece de golpe, casi sin pedir permiso.

Y sinceramente, con adolescentes… material no falta.

Hay días en los que me río muchísimo y otros en los que quiero arrancarme los pelos. Todo depende del humor, de la energía y probablemente de cuánto haya dormido la noche anterior.

Pero hoy me hizo gracia.

Mi hijo cumplió 15 y, casi sin darnos cuenta, entró oficialmente en su era social. Esa etapa que uno reclamaba un poco cuando eran más chicos:
—“Debería salir más.”
—“Tiene que compartir con amigos.”
—“Qué bueno sería que hiciera planes.”

Bueno. El universo escucha.

Ahora, los martes, como vivimos cerca del colegio y ellos no se quedan en la cantina al mediodía, me pidió si podía invitar “uno o dos amigos” a comer en casa.

Uno o dos.

Perfecto. Ningún problema.

Este fue el tercer martes.

Y como trabajo un poco fuera y un poco en casa, hoy decidí desaparecer estratégicamente para no incomodarlos con mi presencia maternal. Les di libertad adolescente premium.

Mientras hacía compras, me crucé a mi hijo por la calle con su grupo de amigos. Me saludó rápido, en ese idioma adolescente mezcla de cariño y vergüenza pública, y yo pensé:

“Bueno… al final eran varios.”

Pero tranquila. A casa venían solo dos.

ESO CREÍA YO.

Volví antes de lo previsto porque calculé mal el tiempo. Sabía que ellos salían de casa a las 13:10, así que cuando escuché pasos en la escalera, voces, risas y claramente más ruido del autorizado… me quedé congelada.

Esperé a que bajaran.

Abrí la puerta.

Corrí a la ventana.

Y los conté.


sábado, 16 de mayo de 2026

15 años







Hay proyectos que nacen sin que imaginemos todo lo que van a convertirse.

Hace 15 años nació este blog. Y aunque en aquel momento solo parecía un espacio para escribir, para compartir ideas o emociones, hoy entiendo que también estaba naciendo otra versión de mí.

Una mujer distinta.
Más fuerte.
Más consciente.
Más valiente.

Porque detrás de cada publicación hubo vida. Vida real.

Hubo cambios, despedidas, comienzos, silencios y reconstrucciones. Hubo sueños enormes y momentos donde sentí que todo costaba el doble. Y, aun así, seguí.

Hace ya 20 años que vivo lejos de mi país.
20 años de expatriada.
20 años aprendiendo que emigrar no es solamente cambiar de lugar, sino transformarse constantemente.

Al principio una cree que deja atrás una tierra. Después entiende que también deja versiones de sí misma. Y que en el camino aparecen nuevas formas de mirar el mundo, de criar, de amar, de resistir y de volver a empezar.

No voy a romantizarlo: hubo desafíos. Muchos.

La nostalgia.
La adaptación.
El idioma.
La sensación de tener que demostrar siempre algo más.
El cansancio invisible que a veces trae empezar de cero.

Pero también hubo descubrimientos maravillosos.

Aprendí a reinventarme.
A construir hogar en distintos lugares.
A encontrar belleza en los pequeños detalles.
A escribir desde las heridas y también desde la gratitud.

Y este blog estuvo ahí en cada etapa.

Fue refugio.
Fue ventana.
Fue compañía.
Fue mi manera de no perderme en medio de tantos cambios.

Con los años también fui cambiando yo. Ya no escribo igual. Ya no sueño igual. Ya no temo igual.

Hoy me siento más auténtica. Más humana. Más conectada conmigo misma.

Sigo teniendo ganas de “comerme el mundo”.
Pero ya no desde la urgencia, sino desde la convicción.

Con ganas de vivir, de crear, de descubrir, de emocionarme, de seguir aprendiendo y de demostrarme que nunca es tarde para empezar algo nuevo.

15 años después, este espacio sigue creciendo conmigo.
Y quizás eso sea lo más bonito de todo.

Que mientras la vida me transformaba…
las palabras también lo hacían.

Gracias a quienes leen, acompañan y permanecen.
Porque detrás de cada texto siempre hubo una mujer escribiendo con el corazón.

Y todavía quedan muchas historias por contar.

Nos leemos.