viernes, 3 de marzo de 2017

La inocencia.







Estábamos mi pequeña y yo, doblando la ropa que tanto a ella como a su hermano mayor, ya no le quedaban.
Junto a las cajas, había una bolsa enorme con zapatos.
Ella creyó que yo no la veía pero siempre la miro, aún cuando no me ve y duerme.
Mientras yo plegaba un pantalón y un abrigo, ella se probaba cada uno de esos zapatos, sin entender por qué sus pies, ya no entraban del todo. Mientras, la pila se acumulaba...

Fue entonces que sus manos, encontraron un par de zapatos que fueron  dos meses su favoritos. Rojos, repletos de motitas blancas con una hebilla, esa que tanto le costó aprender a "abrochar".
Todavía, la veía orgullosa, caminando escuchando el ruido de sus taquitos.

Yo sabía porque estaban ahí pero ella no.

Extrañada, viendo que sus esfuerzos eran en vano, me miro y me dijo:

-Mamá, estos zapatos me los podré poner, cuando sea pequeña?
Entonces, me senté a su lado tomamos los zapatos rojos, los pusimos en una cajita y mirándola como si quisiera que ese momento, durara eternamente, aunque sólo duro un minuto le dije.
-Si.

Dudé pero la verdad no se la dije.
Estoy segura! Un día sabrá que crecemos hasta envejecer como también sabrá que la inocencia, sólo vive en la niñez .


Pd: El día que me leas, también sabrás que aun conservo estos zapatos. (A ma fille avec amour*)



(En esta sección encontrarás, pequeñas vivencias, esas cositas que guardaré a nunca jamás-
Gracias por leerlas ;-)


*A mi hija con amor.





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