miércoles, 19 de febrero de 2014

Los pendientes* de la abuela.




Todo empezó, con la ecografía de mi segundo bebe...
Siendo mamá de un nene, el sueño de la niña se imponía pero como cualquier mamá, hubiera amado de la misma manera, si la vida me hubiera regalado otro niño. Pero cuando el ecógrafo me confirmó el sexo, lloré las lágrimas de felicidad, de las ganas de vestir a mi pequeña en rosa con todas esas cosillas que hacen ahora y que hacen que se vean tan preciosas. Me proyecté en un futuro lejos, muy lejos, juntas caminando por alguna callecita de París, compartiendo vitrinas o en un café tomando un té sin azúcar con alguna charla de chicas.
No sé, esas cosas que piensa una madre, capaz de amar igual a los hijos, al mismo tiempo, en el que se inventan, otros momentos que en parte tienen que ver, con ese de ser nene o nena.

Imagen: "Domain public"
Como es la tradición en mi país, en América latina y por lo que se ahora, en España. Los pendientes* los vería también, en las orejas de mi pequeña.

No era un capricho, era algo que sentía y que me habia dicho a mi misma que si algún día tuviera una niña pues lo haría.
Así, mi abuela, quien hace años, había perforado mis orejas a la edad de tres semanas, me ofreció el mas bonitos de los regalos y los pendientes que compró en su pueblo, emprendieron viaje desde Uruguay, en una caja color turquesa, envueltas en papeles de colores que todo arrugadito viajaría en otra caja con destino Argentina.
En las manos de mi madre y sin abrir, fue escondida junto a chucherías que me enviaría en una encomienda express , donde el 12 de diciembre con destino hacia Paris, tomaban un avión.

Estos envíos tardan en llegar 10 días, solo que al amanecer numero 11, seguía sin llegar. En época de fiestas llame a la paciencia y sin remedio, me dije: Tendrás que esperar :-(
Los días seguían pasando y en el medio llegaba navidad entre viajes a casa de la familia, deje la esperanza en mi casa, contenta, sabiendo que a nuestro regreso mi caja estaría en el buzón.
De vuelta y con diez días pasados, la decepción me hizo un nudo en la garganta cuando al abrir," la casita de las cartas "como la llamo yo, estaba todo lo que no esperaba. Con ese dolor que se aferra a esas cosas materiales que tienen el valor del oro en sentimiento, lloré como llora una mujer cuando alguien la deja de querer. Lo sé siento que no tengo remedio con esto de las lágrimas, será que seré ¿Demasiado sensible?

Pero eso si, antes de ahogarme en mi propio, me repuse de mis emociones y comenzé a mover cielo y tierra para saber donde esta mi ansiada caja.
Reclamos de días sin respuestas, dieron al fin con un numero largo y luego de un mail que partió una tarde. A un mes, diez días, 18 horas, infinitos minutos y sobretodo un milagro ( que era lo único que me quedaba) el cartero llamó a mi puerta y mi caja, mis chucherías y los pendientes de mi abuela, al fin y por fin estaban en mis manos.
La mejor parte ya la tenía, sólo que no sabía que la historia no terminaría ahí.






Resulta, que yo no sabía que en Francia estaba prohibido perforar las orejas de los bebes, ni en París ni en ninguna otra ciudad.

 Los argumentos eran varios, que era muy pequeña, que le dolería, que el lóbulo cambia de forma con los años, que las vacunas, que las infecciones, que la decisión no era de los padres, un sin fin de cuestiones en la que me sentía ahogada y esta vez no por las lágrimas. Como podría definirlo...¿Decepción? 
Hasta que un día mirando, la cajita aun envuelta en el papel, me dije que esto no podía seguir así, que aunque respete los pensamientos de otros, este era el mío.

Entonces, tomé el todo por las astas, me armé de valor, apreté los dientes, hice de tripa corazón y en un miércoles, un día antes de sus 3 meses, prepare lo necesario, alcohol, toalla, algodón, manos limpias y los pendientes que venían con los famosos "abridores". Respireeee muuuuuyyy profundo....y yo (Valiente para algunas) hice un agujerito y luego el otro, no lloró más que el tiempo que pica el alcohol porque que a esta edad (Según los pedíatras) los lóbulos son indoloros, luego es cuando duelen más.
Cinco minutos después, mi belleza lucía el cariño de mi abuela es sus orejas de lo que puedo entender, no todas seas participes pero yo lo deseaba y mucho.

Hoy...
       Cuando la miro
           Veo dos piedras rosas
              Que brillan en sus orejas
                Y a todos les digo con orgullo
                  "Son los pendientes de mi propia abuela"
                    Que con su amor ha logrado
                            Traspasar toda frontera.            



Nota:
*= aretes, aros, aritos.







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